El Porvenir de Cuitzeo

“Cuando los amigos migran al cielo”

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Dr. Rogelio Díaz Ortiz

A lo largo de mi vida he podido identificar, admirar y disfrutar a seres cuya luminosidad diluye cualquier oscuridad, les distingue la capacidad de hacer coincidir a quienes aparentemente representan a intereses irreconciliables, poseen innata convocatoria y se erigen como “protectores” para quienes lo necesitan.

Son personas cuyo entusiasmo y amor por la vida contagia a quienes le rodean, sin apegos materiales, siempre al servicio de los demás, capaces de hacer “imposibles” para siempre estar cuando le necesitan, con extrema “humildad” para retirarse sin protagonismo alguno y “construyendo” el siguiente encuentro.

Son “ángeles” que han sabido “absorber” y borrar instantes dolorosos en los demás, son reservados para compartir sus propios “dolores” y habituados a olvidar favores o bienes concedidos a “terceros”.

A esta selecta estirpe pertenece Luz María Nocetti Tiznado, originaria de Córdoba, Veracruz, pero moreliana por convicción y decisión personal.

Hija del Capitán Manuel Nocetti y de doña “Teodorita” Tiznado, hermana de Rosita, Manuel, Ángeles, Laura, Paquita, Julio, Jesús y Adolfo Nocetti Tiznado.

A lo largo de su vida, Luz María, fue siempre una líder que cuido y unió a todos sus hermanos, la maestra de vida que nos enseñó, a quienes le conocimos, a siempre a encontrar un SI para que las cosas sucedieran, dejando de lado excusas y pretextos.

Fue fiel apoyo en el trabajo empresarial de su hermano Manuel, incansable, eficiente, firme, atenta, generosa, responsable y cálida, sin protagonismos estériles y con la inquebrantable voluntad para que se cumplieran las indicaciones emitidas por su hermano, cuidándole y protegiéndole de propios y extraños.

Sus hijos Alejandro, Mariana, Luz Angélica y Mónica, así como sus nietos Héctor, Sebastián, Natalia, Sofía y Matías fueron su eterna motivación, su patrimonio más amado y su preocupación más profunda.

Su exquisito sazón, innato talento para preparar guisos y deliciosa repostería fue siempre muy apreciada por todos los que tuvimos el privilegio de ser comensales en su mesa.

Su deseo de aprender, placer por la lectura, gusto por la música y un buen perfume le distinguieron siempre.

Su liderazgo e innata capacidad para establecer relaciones humanas enriquecieron su trabajo, sembrando en el camino incontables alianzas y afectos que persisten hasta hoy en día.

Su hermana “Paquita” define a Luz María como: “Una mujer que desafió su época y decidió ser feliz”

Puedo “presumir” que disfrute de su valiosa amistad, la cual extendió a toda mi familia, haciendo especial clic con mi hermana PERITA con la que el afecto trascendió al “hacerse” comadres y convertirse en madrina de mi sobrina VALERIA.

Siempre recordaré y agradeceré sus incontables atenciones para mi hijo Rogelio, su cuidado para que Manuel no olvidará algún “encuentro” programado conmigo o con los integrantes de Génesis.

Al “jubilarse” de su trabajo se hizo esporádico el saludarle, aunque las visitas de PERITA me permitieron verle y de manera infalible coincidir con ella en el evento de fin de año organizado por la familia Nocetti.

En la distancia y en la cercanía, Luz María, fue siempre puente que propicio la unión, el cariño y la fraternidad, nos dio motivo para coincidir y actuó como fiel garante de equilibrio que nos convocó a TODOS a mantener “unidad en la diversidad”.

Hace unas horas recibió el llamado del Creador, el cual atendió y se ha marchado con rumbo al firmamento, ahí ya le esperaba, con una gran sonrisa y con los brazos abiertos mi hermana PERITA.

Querida Luz María… hasta su nueva residencia en el cielo, le envió mi eterno agradecimiento por siempre ser y estar¡!!… apenas han pasado unas horas y ya la extrañamos demasiado!

Con cariño dedico este comentario a la Familia Nocetti Tiznado, así como a Mónica, Luz Angélica, Mariana y Alejandro Mendoza Nocetti.

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